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sábado, 18 de agosto de 2012

Prométemelo.



Toma un sorbo a su café y mira a su amiga.
Para ella estas vacaciones de Semana Santa han sido las mejores. Con su chico, en Tarragona. Es la última vez que le ha visto desde hace ocho meses. Por desgracia, sólo se vieron dos días. "Hasta el próximo verano." le dijo él, mientras la abrazaba en la entrada de la estación. Un último beso y un "te quiero" en voz baja.
Nunca se le irá esa imagen de la cabeza. La última vez que vio sus preciosos ojos verdes, en ese caso, con lágrimas.
-¿Y qué pasó?-preguntó la amiga. Da otro sorbo a su café y sonríe melancólicamente.
-Que me fui. Me subí a ese AVE, le miré por la ventanilla y desaparecí.
-¿Por qué lo hiciste, Carla? ¿Por qué no te quedaste?-para ella esta situación es realmente difícil. No sabe cómo explicar el porque no se quedó allí, con él.
Podría hacerlo. Ya es mayor de edad y podría haberse quedado en Tarragona.
Pero algo le decía que tenía que volver.
Al fin y al cabo, en Madrid está su vida. Sus amigos, su familia. Una carrera labrada a lo largo de muchos años. No podría destruirla ahora. Ahora no.
-No pude, Ana. No pude cogerle de la barbilla, besarle y decirle "Me quedo aquí." Algo me dijo que tenía que volver a Madrid. Contigo, con vosotras.
-Gírate.-esto toma por sorpresa a Carla, que, con cara de miedo se da la vuelta.
Y le ve. Más alto que hace unas semanas. Más guapo. Más hombre. Se levanta de su silla, y va corriendo a por él. Le abraza, le besa. Cómo si no le viera de hace meses. Y sólo han pasado semanas.
-¿Por qué estás aquí?-pregunta ella.
-Tengo veinte años. Puedo hacer lo que quiera. Y lo que quiero es estar contigo, Carla.
-Prométeme que nunca te vas a ir. Prométemelo.
-Te lo prometo.
Y, su promesa, quedó sellada con un beso. Una promesa que se hizo realidad. Porque nunca, nunca, se separaron.

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